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	<title>Educación Física Mexico &#187; JUEGO</title>
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	<description>Todo sobre y para Educación física desde México</description>
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		<title>EL JUEGO.. EDUCACION FISICA</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 12:04:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nadie007</dc:creator>
				<category><![CDATA[juegos]]></category>
		<category><![CDATA[JUEGO]]></category>

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		<description><![CDATA[EL JUEGO TAN NATURAL QUE TODO MUNDO LO REALIZA, UN NIÃ‘O APRENDE JUGANDO]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.educacionfisica.com.mx/el-juego-educacion-fisica/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
<p>EL JUEGO TAN NATURAL QUE TODO MUNDO LO REALIZA, UN NIÃ‘O APRENDE JUGANDO</p>
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		<title>El juego: una propuesta metodolÃ³gica activa</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Apr 2011 19:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nadie007</dc:creator>
				<category><![CDATA[deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Educacion fisica]]></category>
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		<category><![CDATA[escuela]]></category>
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		<category><![CDATA[juegos dirigidos]]></category>

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		<description><![CDATA[La EducaciÃ³n FÃ­sica tiene un contenido. Ã‰ste, tiene distintas connotaciones, tantas como profesores (as) hay, mi posiciÃ³n lo ubica como un medio para lograr los objetivos preestablecidos y como parte de las declaraciones pedagÃ³gicas de la acciÃ³n motriz. El contenido dice CÃ©sar Coll, â€œdesigna un conjunto de saberes o formas culturales cuya asimilaciÃ³n y apropiaciÃ³n [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La EducaciÃ³n FÃ­sica tiene un contenido. Ã‰ste, tiene distintas connotaciones, tantas como profesores (as) hay, mi posiciÃ³n lo ubica como un medio para lograr los objetivos preestablecidos y como parte de las declaraciones pedagÃ³gicas de la acciÃ³n motriz.</p>
<p>El contenido dice CÃ©sar Coll, â€œdesigna un conjunto de saberes o formas culturales cuya asimilaciÃ³n y apropiaciÃ³n por los alumnos y alumnas se considera esencial para su desarrollo y socializaciÃ³nâ€.</p>
<p>El presente artÃ­culo tiene que ver con la consideraciÃ³n del contenido lÃºdico como una forma metodolÃ³gica de tipo activo y que permite a los niÃ±os aprender mÃ¡s allÃ¡ de las funciones orgÃ¡nicas. El juego como se argumentarÃ¡ incide en el aprendizaje de actitudes, normas y valores, Ã³ptica que le da un sentido pedagÃ³gico a la actividad motriz.</p>
<p>Acerca de los contenidos<span id="more-685"></span></p>
<p>Los contenidos se refieren a quÃ© ha de enseÃ±arse y posteriormente convertirse en las actividades de aprendizaje. Lo que a continuaciÃ³n se apunta se presenta como parte del debate y con el fin de orientar la prÃ¡ctica de la educaciÃ³n fÃ­sica, sin llegar a un punto que provoque seculares embates, los contenidos de la asignatura bien pueden orientarse por los siguientes Ã¡mbitos:</p>
<p>Desarrollo de las habilidades perceptivo-motrices: una habilidad es â€œtoda aquella acciÃ³n muscular o movimiento del cuerpo requerido para la ejecuciÃ³n con Ã©xito de un acto deseadoâ€2, una habilidad supone un acto consciente e implica la edificaciÃ³n de una competencia motriz.</p>
<p>La competencia motriz3 es â€œel conjunto de conocimientos, procedimientos, actitudes y sentimientos que intervienen en las mÃºltiples interacciones que realiza (el niÃ±o) en su medio y con los demÃ¡s, y que permiten que los escolares superen los diferentes problemas motores planteados, tanto en las sesiones de educaciÃ³n fÃ­sica como en su vida diariaâ€.4</p>
<p>Esta competencia motriz hace referencia a un tipo de inteligencia sobre las acciones, de una inteligencia que supone conocer quÃ© hacer, cÃ³mo hacerlo, cuando y con quiÃ©n actuar en funciÃ³n de las tareas planteadas.</p>
<p>Ser competente, supone poseer un repertorio de respuestas (en el caso que nos ocupa, respuestas motrices) de procedimientos para hacer y actuar, y de actitudes que le permitan al niÃ±o una prÃ¡ctica autÃ³noma sobre sus acciones. Ser competente implica tambiÃ©n, el desarrollo del sentimiento de capacidad para actuar, de sentirse seguro, de poder salir airoso de los problemas, de perder miedos, de hacer propuestas, de hacer planes, de modificar y manifestar una actitud de alegrÃ­a al ser causa de transformaciones en su medio.5</p>
<p>Lo importante de este tipo de conocimiento que la actividad fÃ­sica promueve y de la competencia motriz que edifica, es que cuando una persona sabe cÃ³mo hacer las cosas, su conocimiento se halla actualizado y puesto en prÃ¡ctica en lo que hace. Su inteligencia se manifiesta en sus hechos, destrezas y realizaciones.</p>
<p>Volviendo al desarrollo de las habilidades perceptivo-motrices he de asentar que poseen dos caracterÃ­sticas importantes; la flexibilidad6 y adaptabilidad. La percepciÃ³n supone una experiencia mÃ¡s compleja que la mera sensaciÃ³n, es el resultado de los procesos de orden superior que integran y asocian a las sensaciones, de esta forma la percepciÃ³n es â€œla adquisiciÃ³n del conocimiento del yo y del medio por selecciÃ³n y asociaciÃ³n de informaciones, que si bien comporta una importante parte innata, puede ser, sin embargo, objeto de aprendizajeâ€.7</p>
<p>Siendo de esta manera el contenido de este desarrollo perceptivo-motriz tiene que ver con el cÃºmulo de experiencias que la educaciÃ³n fÃ­sica ha de brindar a los niÃ±os con el fin de proporcionales elementos para acrecentar la competencia motriz sobre la base del conocimiento de sÃ­ y de sus posibilidades de acciÃ³n. De esta forma se toma referencia del mundo fÃ­sico que le rodea, que le ha de permitir una mejor elaboraciÃ³n de esquemas o patrones de movimiento. Con este tipo de desarrollo se apuesta a que los niÃ±os obtengan una mejora en su habilidad perceptiva en todos sus aprendizajes.</p>
<p>Desarrollo de habilidades motrices bÃ¡sicas: toda habilidad (de acuerdo a la conceptualizaciÃ³n anterior) tiene un carÃ¡cter evolucionista y parten de la carga filogenÃ©tica de todas las personas, es decir, con el crecimiento, los patrones de movimiento van teniendo un grado cada vez mayor y mejor de ejecuciÃ³n y control. En la actualidad muchos autores coinciden en que son susceptibles de mejora por medio de la maduraciÃ³n, la prÃ¡ctica y la experiencia. Las habilidades motrices bÃ¡sicas son; los desplazamientos, los saltos, los giros y las manipulaciones.</p>
<p>El desarrollo de estas habilidades motrices bÃ¡sicas hace referencia a un trabajo de coordinaciÃ³n de tipo elemental (bÃ¡sico) que por medio del ejercicio natural y cotidiano de caminar, trotar, correr, saltar, girar, lanzar, a travÃ©s de una prÃ¡ctica vivenciada y basada en el juego, han de afirmar los patrones de movimiento elementales a fin de proporcionar un mayor bagaje de experiencias que le permitan a los niÃ±os poder ampliar su motricidad y experiencias del control e incorporaciÃ³n del yo en la acciÃ³n (competencia motriz).</p>
<p>Juegos motores: el juego es el principal interÃ©s de los niÃ±os en edad escolar. Es a travÃ©s del juego que aprenden el mundo fÃ­sico, afectivo y social que les rodea. El juego es el fenÃ³meno cultural mÃ¡s estudiado, por lo que no insistirÃ© en su valor. PondrÃ© el acento en que el juego desarrolla el pensamiento estratÃ©gico y la lÃ³gica motriz y es precisamente en estos elementos, que gravita mi interÃ©s.</p>
<p>En el pensamiento estratÃ©gico y la lÃ³gica motriz se dan cita al menos tres fases; la percepciÃ³n y el anÃ¡lisis de la situaciÃ³n y sucesos del juego; en segundo tÃ©rmino, la soluciÃ³n mental del problema o acciÃ³n, y finalmente, la soluciÃ³n y respuesta motriz.8 Para la consolidaciÃ³n de este tipo de pensamiento y lÃ³gica de acciÃ³n, es importante que el docente utilice un estilo de enseÃ±anza no directivo, ni juegos que exijan modelos de movimiento y/o reglas determinadas, por el contrario hay que dirigirnos a formas de enseÃ±anza que motiven la exploraciÃ³n y el descubrimiento donde los niÃ±os puedan hacer propuestas y modificaciones a los juegos mismos.</p>
<p>Cuando un niÃ±o juega, estÃ¡ aprendiendo. Introyecta roles y valores, y cuando juega con otros se estÃ¡ centrando en cÃ³mo hacerlo, cuÃ¡ndo y con quiÃ©n actuar, y cÃ³mo hacer negociaciones con sus compaÃ±eros. Esto es el motivo mÃ¡s fuerte para considerar que dentro de las actividades de juego (lÃºdicas) hay aprendizaje; es en otras palabras, el contenido organizador.9</p>
<p>Una vez iniciada la actividad (juego) motivada por el contenido organizador, se derivan de Ã©ste, otros contenidos, tales como saltar, correr, girar, atrapar, etc., al ser asÃ­ todas las demÃ¡s acciones que el niÃ±o(a) desarrolla, le dan un â€œsignificadoâ€ a su movilidad (no es lo mismo correr en solitario, que correr para no dejarse atrapar por el compaÃ±ero), por eso sostengo que hay aprendizaje.</p>
<p>Existen tres categorÃ­as bÃ¡sicas de los juegos; el libre, el orientado y los juegos dirigidos.10</p>
<p>El juego libre es individual y autÃ³nomo, donde los lugares y espacios son elegidos por los sujetos (niÃ±os y niÃ±as) y se desarrollan tanto en forma personal o con los otros. Este tipo de juegos tiene un sentido espontÃ¡neo e imaginario y cuando existen reglas son impuestas por los mismos jugadores.</p>
<p>El juego orientado son aquellas actividades en las que los protagonistas de la selecciÃ³n y acciÃ³n son los mismos niÃ±os donde el profesor (a) interviene sin ser el protagonista ni el director de los mismos.</p>
<p>El juego dirigido es una actividad que estarÃ¡ propuesta, organizada y vigilada por el profesor (a): contiene una intenciÃ³n formativa, es decir, los docentes utilizamos este tipo de juegos para lograr en los niÃ±os (as) muchos aprendizajes, â€œ el juego libre, orientado y dirigido no tienen por quÃ© ser excluyentes. Si bien en el juego libre es el exponente de la libertad y de la autonomÃ­a personal, al cual toda persona libre aspira; el juego dirigido si no es impuesto y excesivamente reglamentado, propicia la experiencia lÃºdica al ofrecer nuevas posibilidades, nuevas conductas, nuevos recursos y nuevas formas de juego, a partir de las cuales el sujeto -niÃ±o o adulto- reinventa y vuelve al juego autÃ³nomo con nuevas disposiciones en su hacer, fin de toda situaciÃ³n lÃºdico-educativaâ€11</p>
<p>La propuesta que vengo haciendo de un tiempo atrÃ¡s, incide en que el conjunto de manipulaciones 12sobre el contenido que hace el niÃ±o a travÃ©s del juego son actividades de aprendizaje; un ejercicio es mÃ¡s valioso por lo que permite construir que el ejercicio como tal.</p>
<p>La metodologÃ­a que mÃ¡s se acerca a esta perspectiva pedagÃ³gica es la que utiliza al juego como medio de aprendizaje. Sostengo que la EducaciÃ³n FÃ­sica escolar debe privilegiar la actividad lÃºdica como principal herramienta para vincular a los niÃ±os (sujetos de aprendizaje) con el manejo del contenido, pues las caracterÃ­sticas de los niÃ±os de esta edad asÃ­ lo exige, con esto entramos en su capacidad de aprendizaje. Los niÃ±os siempre asimilarÃ¡n y por tanto aprenderÃ¡n, aquello que les es atractivo, divertido, que los reta y desafÃ­a, que les examina.</p>
<p>En los tres pasos o mecanismos para que la acciÃ³n motriz sea considerada como un acto inteligente (percepciÃ³n, decisiÃ³n y ejecuciÃ³n), existe igual nÃºmero de niveles en la elaboraciÃ³n de respuestas; espontÃ¡neas, elaboradas y codificadas.13</p>
<p>EspontÃ¡neas; cuando la respuesta es inmediata y surge del ritmo cinÃ©tico de las personas y parte del repertorio de patrones de movimiento propios y son motivadas por las consignas del exterior.</p>
<p>Elaboradas; cuando el tipo de respuesta implica la actividad mental (constructiva) por parte del niÃ±o, y que a partir de la primera respuesta (espontÃ¡nea) hay una variaciÃ³n y ajuste en los patrones de movimiento. Este tipo de respuesta, puedo decir, contiene un â€œsignificadoâ€ distinto a la primera, pues hay un proceso de reelaboraciÃ³n de la acciÃ³n motriz.</p>
<p>Codificadas; respuesta y proceso que tiene que ver con la actuaciÃ³n del sujeto (niÃ±o/a) y donde los protagonistas (resto de compaÃ±eros) interactÃºan para resolver el planteo y se implican ciertas reglas para lograr la respuesta motriz.</p>
<p>Un ejemplo de estos tres niveles de elaboraciÃ³n de respuestas, bien puede ser el siguiente; el juego se llama â€œLas posicionesâ€, el grupo (40 integrantes) estÃ¡ organizado en pequeÃ±os equipos de 8 integrantes cada uno. El profesor (a) con sus manos se tapa los ojos y empieza a contar en voz alta, de uno en uno hasta el diez, tiempo que sirve para que cada uno de los equipos adopte una posiciÃ³n colectiva, un cÃ­rculo tomÃ¡ndose de las manos, hincados, sentados etc. Ante esta primera fase del juego, los niÃ±os responden espontÃ¡neamente y adoptan la primera posiciÃ³n que les viene en mente. El profesor (a) se destapa los ojos y observa a los equipos, despuÃ©s los invita a hacer otra posiciÃ³n colectiva (que no puede ser la misma) pero ahora contarÃ¡ hasta el nÃºmero nueve y los niÃ±os tendrÃ¡n menos tiempo para hacer su composiciÃ³n (ahora ya elaborada), el juego continua hasta que el conteo se reduce al nÃºmero dos, entonces todos los niÃ±os entran en el nivel de codificaciÃ³n y se organizan para construcciÃ³n de sus posiciones. Es importante hacer notar que el maestro (a) no intervino en la forma de organizaciÃ³n de los niÃ±os, son ellos a partir de sus motivaciones que interactÃºan para elaborar las respuestas. AquÃ­, hay aprendizaje.</p>
<p>Estamos pues ante una estrategia metodolÃ³gica activa que pretende en los niÃ±os una respuesta motriz como una acciÃ³n inteligente, y esto lo podemos encauzar con el juego.</p>
<p>La actitud del profesor (a) debe entonces favorecer la creatividad y autonomÃ­a de los niÃ±os (as), esto lo podremos lograr con el estilo de enseÃ±anza que involucre cognoscitivamente la actuaciÃ³n de los muchachos, es decir, que impliquen como mencionaba mÃ¡s arriba, la percepciÃ³n, decisiÃ³n y ejecuciÃ³n de las acciones motrices.</p>
<p>â€œTan sÃ³lo recuerdo que entrenÃ¡bamos juegos de equipo tales como el bÃ©isbol y que practicÃ¡bamos</p>
<p>los deportes en la escuela. Recuerdo que odiaba todo aquello porque no era un<br />
corredor rÃ¡pido y nunca me elegÃ­an para los deportes y porque era -y todavÃ­a soy-<br />
bastante descoordinado y encontraba muy difÃ­ciles los juegos de pelotaâ€</p>
<p>Para que la competencia motriz ya mencionada se edifique con mejor tino, es importante brindar una variabilidad de actividades y por tanto manejo del contenido, que les permita a los niÃ±os enfrentarse a situaciones de actuaciÃ³n motriz desde distintas formas.</p>
<p>Para tal cometido, propongo dos elementos metodolÃ³gicos; los juegos dirigidos y las situaciones pedagÃ³gicas.</p>
<p>Los juegos dirigidos tienen que ver con actividades lÃºdicas organizadas por el docente donde los niÃ±os (as) ponen a prueba nuevos aprendizajes, nuevas conductas y nuevas formas de actuar, y donde el pensamiento estratÃ©gico y la producciÃ³n divergente15 estÃ¡n presentes. Este tipo de juegos tienen como cometido animar a los niÃ±os (as) a la curiosidad por su propio cuerpo, a descubrir sus posibilidades, a saber quÃ© hacer y cÃ³mo poder resolverlo, a resolver pequeÃ±os problemas y a organizar tÃ¡cticas del juego.</p>
<p>AÃºn y cuando ya existen infinidad de propuestas para clasificar los juegos, propongo como estrategia bÃ¡sica la siguiente;</p>
<p>JUEGOS DIRIGIDOS</p>
<p>Juegos de cancha comÃºn.</p>
<p>Juegos de cancha dividida.</p>
<p>Juegos de invasiÃ³n.</p>
<p>Todos y cada uno de estos juegos tienen como principal caracterÃ­stica que ponen Ã©nfasis en la actividad lÃºdica, el logro de conquistas personales, la modificaciÃ³n de reglas (canchas) y la incertidumbre como situaciÃ³n motivante.</p>
<p>TambiÃ©n conviene seÃ±alar que los juegos (de todo tipo) tienen objetivos implÃ­citos y explÃ­citos, es decir, un juego de â€œcorretearâ€ puede servir al mismo tiempo para entretener y ofrecer un momento de solaz a los niÃ±os, al tiempo que nos sirve para el desarrollo perceptivo motriz, entonces es importante no desperdiciar el potencial que nos brindan los juegos.</p>
<p>6. Algunos juegos dirigidos</p>
<p>6.1. Juegos de cancha comÃºn</p>
<p>â€œALTOâ€. Se designa a uno o dos niÃ±os (as) que son los que â€œla traenâ€, el resto de los jugadores se esparcen por el Ã¡rea de juego. A la seÃ±al convenida estos dos jugadores corren a atrapar a sus compaÃ±eros, al lograr capturas Ã©stos se convierten en manchadores, para evitar ser capturado es necesario adoptar una posiciÃ³n estÃ¡tica, levantando los brazos y con sus piernas separadas al tiempo que dicen en voz fuerte â€œAltoâ€ (posiciÃ³n que les impide moverse), para ser rescatado debe ser tocado por uno de sus compaÃ±eros que aÃºn no es atrapado.</p>
<p>LOS PUENTES<br />
Este juego puede ser una variante del anterior o especÃ­fico. Se designan a los que â€œla traenâ€ (manchas), a la seÃ±al, salen a perseguir al resto de jugadores, Ã©stos para no ser capturados adoptan la posiciÃ³n de â€œmedio puenteâ€ (piernas separadas y los brazos al frente), otro jugador que tampoco quiere ser capturado se enlaza con el primero y forman un â€œpuenteâ€ y sÃ³lo cuando un tercer corredor pasa por debajo los libera y continÃºan en el juego. Los capturados pasan a ser del equipo que â€œla traeâ€.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.efdeportes.com/efd22/eljuego.htm">http://www.efdeportes.com/efd22/eljuego.htm</a></p>
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		<title>InvestigaciÃ³n y juego, reflexiones desde una prÃ¡ctica 2</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Aug 2009 01:22:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tadeo6969</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Educacion fisica]]></category>
		<category><![CDATA[JUEGO]]></category>

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		<description><![CDATA[CUARTA IDEA BASICA Observar juegos grises Â Â Â Â  Ya he comentado como, con el patrocinio de distintas corrientes pedagÃ³gicas, el interÃ©s de los docentes-investigadores por el juego se ha focalizado casi con exclusividad en su aprovechamiento con fines &#8220;formativos&#8221;. Ayer para la aplicaciÃ³n prÃ¡ctica de principios morales (respeto de las reglas de juego, compaÃ±erismo, organizaciÃ³n en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-size: xx-small;">CUARTA IDEA BASICA<br />
Observar juegos grises </span><br />
Â Â Â Â  Ya he comentado como, con el patrocinio de distintas corrientes pedagÃ³gicas, el interÃ©s de los docentes-investigadores por el juego se ha focalizado casi con exclusividad en su aprovechamiento con fines &#8220;formativos&#8221;. Ayer para la aplicaciÃ³n prÃ¡ctica de principios morales (respeto de las reglas de juego, compaÃ±erismo, organizaciÃ³n en pos de un objetivo comÃºn); hoy para el desarrollo de recursos didÃ¡cticos cada vez mÃ¡s eficientes que mejoren la calidad de la enseÃ±anza<sup><span>14 </span></sup>. SeÃ±alaba tambiÃ©n que, desde Ã©sa perspectiva, menos interÃ©s ha despertado conocer a quÃ© se juega en el patio de recreo; y porque sucede de esa manera y no de otra.</p>
<p align="justify"><span id="more-459"></span></p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Consecuentemente es bastante pobre el conocimiento que en los Ã¡mbitos educativos se tiene a cerca del significado de ciertas formas prÃ¡cticas de juego. Estudiar la dinÃ¡mica del patio durante el recreo es estudiar un Ã¡rea difusa de exposiciÃ³n y privacidad, de control y descontrol, de sometimiento y transgresiÃ³n, de producciÃ³n y reproducciÃ³n de saberes sociales. Todo esto bajo la aparente intrascendencia de lo rutinario. La falta de estudios sistemÃ¡ticos en esta direcciÃ³n, aumenta los riegos y las consecuencias negativas de por lo menos dos situaciones problemÃ¡ticas (Ivic, 1986):</p>
<p align="justify"><strong>1. El riesgo permanente de la pÃ©rdida</strong><br />
Â Â Â Â  Las formas prÃ¡cticas del juego infantil ocurren en una realidad histÃ³rica determinada. Se despliegan precariamente sujetas a un aquÃ­ y ahora en permanente transformaciÃ³n; cambian su contendido o su estructura; generan nuevas formas. En tanto parte de la cultura de transmisiÃ³n oral, estÃ¡n en permanente riesgo de perderse sin que podamos comprenderlos para mantenerlos vivos en la memoria colectiva. <em>Si no se intenta el registro, se pierden</em>.</p>
<p align="justify"><strong>2. El dÃ©ficit de conocimiento sobre universos infantiles determinados</strong><br />
Â Â Â Â Pensemos en niÃ±os de regiones rurales. La mayorÃ­a de los estudios referidos al juego, a la psicologÃ­a del juego, a la sociologÃ­a del juego, <strong>ignoran esta realidad</strong>. Dijimos que esa falta de elementos configura un obstÃ¡culo mÃ¡s en la ya compleja relaciÃ³n entre un docente- adulto generalmente de clase media urbana y un alumno- niÃ±o de sectores populares rurales. El anÃ¡lisis crÃ­tico de las prÃ¡cticas sociales presentes en los juegos puede constituir una pequeÃ±a contribuciÃ³n para comprender y transformar esa relaciÃ³n, tanto como que su ignorancia contribuye a reproducirla y congelarla, aceptÃ¡ndola como &#8220;natural&#8221;.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Es desde esta perspectiva que me interesa muy especialmente observar <em>&#8220;los juegos grises&#8221;</em>. Grises no en el sentido de la falta de colorido (que no siempre es el caso) sino por su condiciÃ³n de pedestres y rutinarios. Juego y formas jugadas que por sus caracterÃ­sticas poco atractivas y a veces hasta desagradables son obviados, aÃºn cuando ocurren, como quien dice, delante de nuestras propias narices. Formas aparentemente simples pero complejas en la manifestaciÃ³n de sus significados sociales y culturales.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Acercarnos a los juegos grises asumiÃ©ndolos como <em>&#8220;actos significativos complejos&#8221;</em> (Samaja, 1996) es el quinto supuesto metodolÃ³gico de nuestro proyecto (quizÃ¡ el mÃ¡s importante en una investigaciÃ³n sobre el juego infantil). Ahora bien Â¿porquÃ© ceder a la tentaciÃ³n de entretenerse en los aspectos mÃ¡s triviales del comportamiento lÃºdico? Entre muchas posibles, seÃ±alo &#8211; siguiendo a Giddens &#8211; tres razones excelentes para observar pedestres y rutinarios juegos grises desde el borde del patio de recreo escolar. Primero porque las rutinas cotidianas &#8220;constituyen el grueso de nuestras actividades sociales&#8221;; segundo porque dichas rutinas revelan &#8220;aspectos de sistemas e instituciones sociales mÃ¡s amplios&#8221; que se manifiestan (y encuentro aquÃ­ un interÃ©s profesional adicional en tanto licenciado en Actividades FÃ­sicas) en y por &#8220;la mediaciÃ³n de las propiedades fÃ­sicas y sensoriales del cuerpo humano&#8221; (Giddens, 1995); tercero, por los saberes que moviliza el aprender a jugar y el desarrollo de habilidades y estrategias que involucra.</p>
<p align="justify"><span style="font-size: xx-small;">QUINTA IDEA BASICA<br />
Investigar desde y para una educaciÃ³n corporal </span><sup><span>15 </span></sup><br />
Â Â Â Â  ComencÃ© este artÃ­culo diciendo que, desde hace algunos aÃ±os, me entretengo con el estudio de los patios durante los recreos. Dije tambiÃ©n que intento leer en ese espacio como si fuera un texto, deteniÃ©ndome principalmente en los signos inscriptos en las formas prÃ¡cticas del juego infantil. Esta es una tarea de observaciÃ³n, registro, anÃ¡lisis e interpretaciÃ³n realizada con constancia y disciplina que, a ciencia cierta, no se cuÃ¡ndo ni cÃ³mo empezÃ³. SÃ© que no fue la obligaciÃ³n de encontrar &#8220;algo&#8221; para investigar lo que me puso originariamente frente a los juegos del patio (algo muy comÃºn en estos tiempos de tesis y demÃ¡s acreditaciones). Pienso que seguramente sucediÃ³ justo al revÃ©s. Que el deseo de saber algo mÃ¡s sobre los juegos me llevÃ³ hasta los territorios de la prÃ¡ctica investigativa; una prÃ¡ctica para la que no estaba (lo supe despuÃ©s) demasiado bien preparado.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Curiosidad y esforzada improvisaciÃ³n fueron mis compaÃ±eros de ruta. Tanto fue asÃ­, que los primeros intentos tuvieron mÃ¡s de juego que de investigaciÃ³n (para escÃ¡ndalo de ocasionales evaluadores acadÃ©micos que no tuvieron empacho en decirlo de la peor manera: censurando dichos intentos). Â¡Juego e investigaciÃ³n! Actividades en apariencia tan distantes y, sin embargo, tan prÃ³ximas en tÃ©rminos de creatividad, libertad y reto. Jugar como metÃ¡fora de investigar, en la medida que el que investiga &#8211; como el que juega &#8211; se siente atrapado por sucesos intrigantes; enigmas que lo desafÃ­an; y la incÃ³gnita de un resultado incierto, que sÃ³lo se rebelarÃ¡ al final&#8230; a veces. MetÃ¡fora completa si el que investiga &#8211; como el que juega &#8211; siente, ademÃ¡s, que no esta solo. Que otros, en otros lados, pero con la misma pasiÃ³n y el mismo empeÃ±o, se desvelan por penetrar en los mismos misterios.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Pero investigar, justo es precisarlo, no sea precisamente un juego en sentido directo. El que investiga, a diferencia del que juega, tiene la obligaciÃ³n de renunciar a decir cualquier cosa, a dejar suspendido su sentido crÃ­tico de realidad. Cuando uno investiga debe analizar el con- texto en el que inscribe su acciÃ³n y no sÃ³lo el pre- texto que lo lleva a hacerla. <em>Pensar la coyuntura para profundizar el anÃ¡lisis a cerca no sÃ³lo del &#8220;que&#8221; sino tambiÃ©n el &#8220;para quÃ©&#8221; y &#8220;para quiÃ©n&#8221; investigar, al servicio de quÃ© causas; superando la idea de la investigaciÃ³n sÃ³lo como un problema de mÃ©todos, recursos y estrategias</em>.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Las anteriores no constituyen aspectos menores para los profesionales de la actividad fÃ­sica dada la complejidad de nuestro campo laboral. Como dice Vicente PedrÃ¡z: &#8220;el vocablo educaciÃ³n fÃ­sica que debiera ser la mÃ¡s inmediata referencia al tema de estudio, puede resultar ambiguo por la gran cantidad de realidades que puede englobar.&#8221; (PedrÃ¡z, 1988) El hecho trabajar en EF le posibilita a uno ejercer la docencia en el sistema educativo formal; la preparaciÃ³n fÃ­sica en gimnasios y clubes; la coordinaciÃ³n de grupos en campamentos y colonias; la animaciÃ³n en programas de recreaciÃ³n; la asistencia en centros de rehabilitaciÃ³n. Ya he expresado que, para mi, es ese polimorfismo laboral una de las caracterÃ­sticas mÃ¡s significativas de nuestra profesiÃ³n. Ahora bien, sÃ­ el desarrollo de una prÃ¡ctica investigativa &#8211; vale decir: la construcciÃ³n del objeto y la elaboraciÃ³n del diseÃ±o &#8211; suele depender del anclaje disciplinar que la orienta y define: Â¿La existencia de incumbencias laborales tan diversas constituye una complicaciÃ³n extra para la investigaciÃ³n en nuestro campo? Es indudable que sÃ­. Las problemÃ¡ticas se disparan en direcciones tan diversas y los objetos se construyen desde intereses tan apuestos, que no es tarea sencilla encontrar fundamentos epistemolÃ³gicos y enfoques metodolÃ³gicos comunes. En dÃ³nde buscarlos. Â¿En las llamadas ciencias sociales? Â¿En las llamadas ciencias exactas y naturales? Sabemos hoy que no es lo mismo medir la resistencia de un mÃºsculo al esfuerzo, que comprender el esfuerzo que un grupo de jÃ³venes hace para resistirse a las mediciones de un profesor musculoso. Para complicar un poco mÃ¡s nuestro panorama, en los Ãºltimos aÃ±os se han puesto en tensiÃ³n las relaciones entre la vieja EducaciÃ³n FÃ­sica y las nuevas Ciencias del Deporte. Un proceso que puede mostrar quizÃ¡ ciertas similitudes con el que viviÃ³ la vieja PedagogÃ­a con respecto a las nuevas Ciencias de la EducaciÃ³n.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  En medio de estas tensiones, uno no puede menos que preguntarse cuÃ¡l es el campo problemÃ¡tico a indagar prioritariamente. Â¿SerÃ¡ el de producciÃ³n y reproducciÃ³n de los vÃ­nculos pedagÃ³gicos en el marco de la educaciÃ³n socio motrÃ­z? No me atreverÃ­a a afirmarlo asÃ­, taxativa y excluyentemente. AÃºn cuando es evidente que, con independencia del Ã¡mbito laboral en el que se desempeÃ±e un trabajador de la EF, su relaciÃ³n profesional con el otro lo coloca, mÃ¡s temprano que tarde, en el terreno de las producciones y reproducciones culturales. Si aceptamos esto, deberemos aceptar tambiÃ©n que en esta prÃ¡ctica compleja de establecer vÃ­nculos con otros (alumnos, acampantes, jugadores) hay problemas todavÃ­a sin resolver, procesos sin conocer, cuestiones que develar. La exposiciÃ³n a la mirada y su influencia en el aprendizaje corporal; la escolarizaciÃ³n del tiempo libre y la recreaciÃ³n; la infantilizaciÃ³n del juego; la ambigÃ¼edad de los contenidos; los criterios heredados de evaluaciÃ³n; la construcciÃ³n histÃ³rica de fines y objetivos; la distribuciÃ³n segmentaria de tiempos y espacios por clase social, por gÃ©nero, por edad&#8230; son sÃ³lo algunos ejemplos de posibles caminos a seguir. Estamos convencidos que es por ahÃ­, por los caminos de los sucesos aparentemente vulgares de la vida cotidiana, por donde las investigaciones, no sÃ³lo sobre sino desde la EF, deberÃ¡n necesariamente, comenzar a <strong>jugar &#8211; se</strong>.</p>
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		<title>InvestigaciÃ³n y juego, reflexiones desde una prÃ¡ctica</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Aug 2009 01:16:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tadeo6969</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[eduacion fisica]]></category>
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		<description><![CDATA[Breve disquisiciÃ³n introductoria Â Â Â Â  Hace tiempo que, con las dificultades propias de una tarea compleja, miro e invito a mirar en el alboroto de los patios escolares. Me atraen las formas prÃ¡cticas del juego infantil. Juego y patio &#8220;marcan la cancha investigativa&#8221; por donde deambulan objetos de estudio diversos. NiÃ±ez, escuela y recreaciÃ³n son las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-size: xx-small;">Breve disquisiciÃ³n introductoria</span><br />
Â Â Â Â  Hace tiempo que, con las dificultades propias de una tarea compleja, miro e invito a mirar en el alboroto de los patios escolares. Me atraen las formas prÃ¡cticas del juego infantil. Juego y patio &#8220;marcan la cancha investigativa&#8221; por donde deambulan objetos de estudio diversos. <strong>NiÃ±ez</strong>, <strong>escuela</strong> y <strong>recreaciÃ³n</strong> son las palabras claves que sintetizan esos esfuerzos de indagaciÃ³n.</p>
<p align="justify"><span id="more-455"></span></p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Observar la actividad del recreo se ha transformado para mÃ­ en un cometido atrapante. Tan singular territorio espacio-temporal se muestra con su superabundancia signos inscriptos en actividades diversas &#8211; la mayorÃ­a de ellas bajo la forma genÃ©rica de juegos &#8211; producidas y reproducidas por los habitantes del patio<sup><span>2 </span></sup>. Signos que se tornan pistas a seguir desde el anÃ¡lisis. Describir las derivaciones de semejante experiencia no es tarea fÃ¡cil. En mÃ¡s de una ocasiÃ³n he chocado contra mi propia dificultad para poner en palabras los avatares de lo observado (al fin y al cabo, uno es un docente de lo corporal mÃ¡s acostumbrado al movimiento y al gesto que al verbo). De todas maneras, y aÃºn sabiendo que<em> &#8220;cuando no se es profesional de la explicaciÃ³n hay cosas que no se saben decir&#8221;</em> (Bourdieu, 1988) he tratado de sintetizar las ideas que, en los Ãºltimos aÃ±os, orientaron esas observaciones. En este artÃ­culo se expone un resumen de esas ideas sintetizadas. El lector podrÃ¡ jugar con ellas (me refiero a las ideas que siguen) como si fueran piedras de una imaginaria <em>Payana</em><sup><span>3 </span></sup>; quiero decir: en el orden que mÃ¡s le divierta y en funciÃ³n de su capacidad y preferencias personales.</p>
<p align="justify"><span style="font-size: xx-small;">PRIMERA IDEA BASICA<br />
El patio, lo mÃ¡s pÃºblico de la escuela pÃºblica </span><br />
Â Â Â Â  Para la tradiciÃ³n educativa, los profesores de EducaciÃ³n FÃ­sica somos <em>&#8220;docentes de patio&#8221;</em>. Es en ese lugar transitorio e impropio (sentido original del vocablo patio que a muchos profesores les resonarÃ¡ casi literal) donde pasamos buena parte de nuestra vida profesional y, consecuentemente, es el espacio social que presuntamente mÃ¡s conocemos de la escuela. Pero si interrumpiÃ©ramos <em>&#8220;la mirada acostumbrada&#8221;</em> para observar con renovado asombro ese lugar presuntamente conocido, y comenzamos a mirar el bullicio del recreo menos con ojos de pedagogo (vale decir: de persona interesada por la enseÃ±anza y el aprendizaje) y mÃ¡s con la curiosidad de un hermeneuta de sitios y lugares (que ve en el espacio simbolizado un texto que expresa al hombre como ser social), descubrirÃ¡ que ocurren hechos interesantes. Pensamos que, desde la perspectiva infantil, la escuela no es solamente un establecimiento en donde se imparte sÃ³lo enseÃ±anza. Lejos de los espacios de soledad y anonimato que Mac AugÃ© (inspirado en De Certeau) categorizara como <em>&#8220;no lugares&#8221;</em>, la vieja escuela que conocemos constituye aÃºn hoy un punto privilegiado de encuentro al que los niÃ±os asisten con la renovada expectativa de cruzarse con sus pares<sup><span>4 </span></sup>. En segundo tÃ©rmino, es por demÃ¡s evidente que buena parte de los rituales de encuentro sucede en los patios.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  El patio es un &#8220;lugar&#8221; en todo el sentido de la palabra en tanto configura un espacio ocupado por los cuerpos; <em>&#8220;un espacio fÃ­sico y simbÃ³lico con significados especiales&#8221;</em> (De Certeau, 1996) en la historia de cada jugador, de cada escuela, de cada comunidad. PequeÃ±o territorio disimulado en el interior de un espacio pÃºblico mÃ¡s amplio y de valoraciÃ³n mayor: la escuela pÃºblica. Territorio singular en la escala de la vida cotidiana escolar en tanto configura un espacio de transiciÃ³n, de acoples y rupturas entre el adentro y el afuera de la escuela; entre lo obligado y lo libre; entre el alumno y el jugador; entre lo que se y lo que debo aprender. Todo a la vista de muchos, ya que el recreo suele ser un momento de encuentros masivos permeable a vida exterior.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Esa pÃºblica exposiciÃ³n a la mirada, esa masiva interacciÃ³n, que pone en tensiÃ³n la privacidad de las prÃ¡cticas del patio sin que pierdan del todo esa condiciÃ³n (<em>este es &#8220;nuestro&#8221; lugar</em> protestan los jugadores cuando se sienten invadidos) me ha hecho imaginar el patio como lo mÃ¡s pÃºblico de la escuela pÃºblica y constituye, al menos para mÃ­, una de sus caracterÃ­sticas mÃ¡s atrapantes. Condicionados por las tensiones de las acciones pÃºblicas y privadas, en el patio se ponen en juego (y nunca una palabra cae tan justo como en este caso) saberes prÃ¡cticos &#8211; mÃ¡s actualizados que actuales -; saberes especialmente significativos en la medida en que le permiten a sus poseedores participar de la vida en grupo, adaptÃ¡ndose a la vez que resistiÃ©ndose a los mandatos de la mirada institucional. Ahora bien, entre las obligaciones de controlar a los niÃ±os y las sugerencias de practicar una &#8220;no- intervenciÃ³n totalmente no directiva&#8221; (Leif-Brunelle, 1978), son pocos los docentes investigadores que se entusiasman con el estudio de los patios desde la perspectiva de lo recreativo como aprendizaje social; es asÃ­ como, tapado por el tumulto, abunda el silencio teÃ³rico.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Analizar el tema de los espacios/tiempos de recreo en la escuela y, mÃ¡s precisamente, de la recreaciÃ³n como modo de encuentro, me parece un desafÃ­o que vale la pena afrontar. Sobre todo en estos tiempos de transformaciones educativas que no se destacan por considerar con detenimiento esta temÃ¡tica (mÃ¡s bien todo lo contrario)<sup><span>5 </span></sup>.</p>
<p align="justify"><span style="font-size: xx-small;">SEGUNDA IDEA BASICA<br />
Hay obstÃ¡culos que condicionan las observaciones en el patio </span><br />
Â Â Â Â  Tanto por los postulados de algunas corrientes psicolÃ³gicas como por la experiencia de padre y de maestro, he aprendido que los niÃ±os potencian su curiosidad con el deseo de aproximaciÃ³n fÃ­sica, de voyeurismo y que en el libre despliegue de esa curiosidad primigenia se pueden encontrar la gÃ©nesis de muchos aprendizajes; curiosidad que suele quedar cabalmente representada por la obsesiva reiteraciÃ³n de aquellas preguntas que les generÃ³ una observaciÃ³n y que no fueron satisfactoriamente respondidas de inmediato. Tal es la fuerza de ese deseo primitivo de saber que algunos autores lo vinculan con una fenÃ³meno psÃ­quico: pulsiÃ³n epistemofÃ­lica (Filloux, 1984).</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Me voy a permitir utilizar aquÃ­ con cierta libertad esta idea de curiosidad &#8220;infantil&#8221; para explicar en parte mi trabajo &#8220;adulto&#8221; sobre la dinÃ¡mica de los patios; trabajo en el que es muy fÃ¡cil detectar &#8220;restos arqueolÃ³gicos&#8221; de aquella curiosidad primigenia que es alimentada y a la vez alimenta las observaciones mÃ¡s elaboradas este acadÃ©mico voyeur. Pero no quiero distraerme con el tema; lo que verdaderamente me interesa plantear es lo siguiente: asÃ­ como puedo aceptar que cierto deseo &#8220;infantil&#8221; alimenta la curiosidad por saber mÃ¡s y mejor sobre el juego, debo aceptar tambiÃ©n la existencia de mecanismos que actÃºan como obstÃ¡culos en la libre canalizaciÃ³n de esa curiosidad por parte de un docente-investigador. No me refiero a obstÃ¡culos metodolÃ³gicos y epistemolÃ³gicos, si no a algo mÃ¡s arcaico, mÃ¡s relacionado con resistencias personales que impiden focalizar el interÃ©s en determinados hechos; algo asÃ­ como, parafraseando a PichÃ³n RiviÃ©re, un <em>&#8220;obstÃ¡culo epistemofÃ­lico&#8221;</em><sup><span>6 </span></sup>. Sea cual fueran las causas, lo cierto es que hoy existe una relaciÃ³n inversamente proporcional entre el manifiesto interÃ©s de los educadores por el juego (expresado en infinidad de cursos, conferencias, talleres, etc.) y la escasa atenciÃ³n prestada a los juegos que se despliegan cada dÃ­a en los patios escolares de recreo.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  El patio suele ser vivido por muchos docentes-investigadores como un lugar extra aula: por lo tanto, lo que allÃ­ ocurra queda afuera, si bien no de su responsabilidad, si de su interÃ©s profesional mÃ¡s inmediato. No esta demÃ¡s insistir entonces en el reconocimiento de los obstÃ¡culos que obturan la curiosidad primitiva y coloca los juegos cotidianos en el lugar de lo vulgar y sin sentido. Aunque estoy convencido de que cualquier intento de generalizaciÃ³n sobre casos particulares es inservible, voy a recordar a continuaciÃ³n algunos obstÃ¡culos trabajados en nuestros talleres de capacitaciÃ³n con maestros rurales. QuizÃ¡ ayuden, desde el ejemplo, a comprender el concepto.</p>
<p align="justify"><strong>El obstÃ¡culo de la diferencia de edad y origen sociocultural</strong><br />
Â Â Â Â  Docentes de clase media urbana que no pueden relacionar los juegos de los niÃ±os del campo con vivencias de su propia infancia. Tanto es asÃ­ que en los recreos de sus escuelas rurales les constaba encontrar hechos interesantes y &#8220;familiares&#8221; (utilizando la idea de familiares en sus dos acepciones: como algo conocido y como algo perteneciente a su familia). Esta comunicaciÃ³n (dificultada por las tensiones de polos opuestos: rural/urbano, adulto/niÃ±o, docente/alumno), se veÃ­a reforzada en muchos casos por el desconocimiento de cÃ³digos verbales y no verbales por parte de un docente venido &#8220;de afuera&#8221;<sup><span>7 </span></sup>. <em>Â¡QuÃ© voy a mirar en el patio</em> &#8211; decÃ­an algunos docentes en nuestros talleres &#8211; <em>si los chicos de mi escuela no juegan a nada!</em> Si se acepta la complejidad de estas relaciones, debemos aceptar tambiÃ©n que, en muchos casos, la primitiva curiosidad por aprender de los sucesos del patio es obstaculizada por cuestiones de enfoque y sensibilidad. Tal es el nivel de importancia que en nuestro proyecto le adjudicamos a este obstÃ¡culo, que el primer supuesto metodolÃ³gico de nuestro trabajo nos indica la conveniencia de hacer consciente la percepciÃ³n de lo familiar y de lo extraÃ±o; una forma, dicho sea de paso, de entrenar la actitud curiosa del observador.</p>
<p align="justify"><strong>El obstÃ¡culo de las responsabilidades derivadas de la funciÃ³n</strong><br />
Â Â Â Â  Es interesante seÃ±alar que cuando he trabajado con los docentes sobre el recuerdo de los juegos de su infancia, las respuestas obtenidas ponÃ­an en evidencia una tendencia a calificarlos como &#8220;menos agresivos&#8221;, &#8220;mÃ¡s ingenuos&#8221;; en resumen: menos peligrosos y amenazadores que estos que hoy tienen que salir a cuidar en los patios de su escuela. Las respuestas indicaban tambiÃ©n que el mismo patio de recreo era recordado de una manera diferente. El patio de la escuela de la infancia, como el lugar de la alegrÃ­a, la aventura, las transgresiones gozosas. Y estos otros patios, tambiÃ©n de &#8220;sus&#8221; escuelas, vivido como un lugar de riesgos potenciales, de violencia y, por lo tanto, de intranquilidad. Puede resultar una perogrullada decir que, efectivamente, no se vive el recreo de la misma manera cuando uno es un niÃ±o que sale al patio dispuesto al juego y la transgresiÃ³n, que cuando uno es un adulto que, por su trabajo, sale al patio con la responsabilidad de poner lÃ­mites a esos juegos y a esas transgresiones. Lo cierto es que, en nuestros talleres, han sido mayorÃ­a los maestros que hoy sienten que la salida al patio les dispara escenas temidas de desorden y amenaza. Bien podrÃ¡ deducir el lector que esas sensaciones de temor e inseguridad (fundadas o no) constituyen un obstÃ¡culo mayÃºsculo para el estudio de los juegos durante los recreos. Ese no siempre leve estado de intranquilidad (muy variable de acuerdo a las caracterÃ­sticas personales del sujeto y del contexto en el que trabaja) dificulta notablemente la correcta tarea de registro; sobre todo cuando el placer perdido (el patio &#8220;concedido&#8221; a los niÃ±os) y la amenaza del riesgo (la responsabilidad profesional sobre la integridad de los alumnos) produce una visiÃ³n distorsionada de la realidad. <em>Â¡Que juegos voy a observar en los recreos</em> &#8211; decÃ­an algunos maestros en los talleres &#8211; <em>si &#8220;todos&#8221; los chicos de mi escuela lo &#8220;Ãºnico&#8221; que hacen es agredirse!</em></p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Generalizando la actividad de los alumnos que concitan su mirada, precisamente porque se estÃ¡n agrediendo y Ã©l los debe cuidar, sobre el resto al que directamente no mira. PichÃ³n RiviÃ©re dice que todo intento de aproximaciÃ³n a un campo de conocimiento diferente y desconocido <em>&#8220;encierra ansiedades, fantasÃ­as y defensas de mayor o menor intensidad; si la ansiedad es muy intensa se configura el obstÃ¡culo&#8221;</em><sup><span>8 </span></sup>. En ese sentido digamos que el nivel de tensiÃ³n y ansiedad que produce el &#8220;el tumulto del patio&#8221; suele ser muy alto. Es por eso que, como segundo supuesto metodolÃ³gico, en nuestro proyecto arbitramos la mejor manera de que los observadores se sientan liberados de toda responsabilidad sobre lo que sucede en el patio mientras estÃ¡n observando, y puedan, de ese modo, aliviar las riendas que sujetan su curiosidad. .</p>
<p align="justify"><strong>El obstÃ¡culo de la formaciÃ³n del docente</strong><br />
Â Â Â Â Las categorÃ­as del discurso pedagÃ³gico, cuando son incorporadas acrÃ­ticamente al sentido comÃºn del docente, pueden constituirse en un considerable obstÃ¡culo. La fuerza normativa de categorÃ­as pre-elaboradas condicionan una forma determinada de pensar la instituciÃ³n. Y, como bien seÃ±ala Justa Ezpeleta: determinan <em>&#8220;aÃºn para el sentido comÃºn acadÃ©mico, la trama bÃ¡sica de lo que se ve y lo que no se ve en la escuela; lo que es relevante de lo que no es&#8221;</em> (Ezpeleta, 1986). Dicho de otra manera: es posible suponer que los docentes observamos los actos de nuestros alumnos desde un lugar prefigurado y que para un proyecto de investigaciÃ³n que apuesta a incorporar las observaciones de los docentes, esa mirada condicionada opera como obstÃ¡culo. Impedido de desarrollar mÃ¡s extensamente este tema dado los estrechos lÃ­mites de un artÃ­culo, quiero al menos dejar expresados dos componentes importantes: 1Â°, la &#8220;mirada pedagÃ³gica&#8221; es una forma adquirida, principalmente durante el proceso de formaciÃ³n docente y de adjudicaciÃ³n/asunciÃ³n del rol profesional, estrechamente vinculada con el &#8220;deber ser&#8221; escolar. 2Â°, la &#8220;mirada pedagÃ³gica&#8221; se destaca por su inclinaciÃ³n a observar calificando lo que esta bien y lo que esta mal; lo que es pedagÃ³gicamente aceptable y lo que no lo es. QuizÃ¡ esto aporte algÃºn elemento mÃ¡s que ayuda a explicar en parte el porque los docentes-investigadores muestran tanto entusiasmo sÃ³lo por determinado tipo de juego: los que evidencian alguna posibilidad de ser utilizados con fines &#8220;educativos&#8221;. <em>Para la &#8220;mirada pedagÃ³gica&#8221; estos son los Ãºnicos juegos aceptados por la escuela, los &#8220;verdaderos juegos&#8221;</em>.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Consecuentemente, en el marco de nuestro proyecto, el tercer supuesto metodolÃ³gico nos lleva a procurar que los observadores ensanchen el arco perceptivo de sus observaciones, ampliando y compartiendo la mirada. Ampliar la mirada para incorporar el detalle de todos los sucesos del patio, aÃºn de aquellos que una &#8220;primera vista&#8221; rechaza.</p>
<p align="justify"><span style="font-size: xx-small;">TERCERA IDEA BASICA<br />
Existen dificultades para determinar que es juego </span><br />
Â Â Â Â  <em>La historia de los juegos</em> &#8211; dice Parlebas- <em>es la historia de sus &#8220;prohibiciones y condenas&#8221;</em><sup><span>9 </span></sup>. Cuando he consultado sobre el tema a docentes que concurren a nuestros talleres, una significativa mayorÃ­a manifestaba que en su escuela no habÃ­a juegos prohibidos, y que <em>&#8220;lo que estÃ¡ prohibidos es porque no es juego&#8221;</em><sup><span>10 </span></sup>. Curiosamente, cuando hacÃ­a la misma pregunta a los alumnos, estos enunciaban una precisa lista de actividades que no podÃ­an realizar en los recreos y que estas actividades prohibidas eran, para todos ellos&#8230; juegos. Resulta entonces que, mientras que desde la Ã³ptica de los adultos ciertas actividades se prohibÃ­an por que no eran juegos, desde la visiÃ³n de los jugadores muchas de las actividades prohibidas si lo eran. Aparece sÃ­ una grave dificultad para este tipo de investigaciones: Â¿A que se llama juego? O, lo que es lo mismo: Â¿Sobre quÃ© acciones o actividades vamos a concentrar las observaciones?</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Consecuentemente el cuarto supuesto metodolÃ³gico en nuestro proyecto fue discutir y precisar los alcances del tÃ©rmino &#8220;juego&#8221;, concentrÃ¡ndonos en la mejor comprensiÃ³n de lo que entendemos como &#8220;contenido lÃºdico&#8221; de una acciÃ³n. En ese sentido voy a comenzar por repetir aquÃ­ lo ya expresado en otros documentos de trabajo (disculpe el lector que sea tan reiterativo). Si bien hay coincidencias en aceptar que &#8220;el juego ampliamente entendido es la forma genÃ©rica de la diversiÃ³n&#8221; (MunnÃ©, 1980), cuando se necesitan precisiones la mayorÃ­a de los trabajos publicados en los Ãºltimos aÃ±os coinciden en seÃ±alar que la palabra &#8220;juego&#8221; es muy rica&#8230; en ambigÃ¼edades. En castellano decir juego es hacer referencia a cuestiones diversas: a algo que tiene uniÃ³n y movimiento (el &#8220;juego&#8221; de una articulaciÃ³n); a un conjunto de objetos (el &#8220;juego&#8221; de cubiertos); una actitud (me &#8220;juego&#8221; en este examen); una intencionalidad (el &#8220;juego&#8221; amoroso). La misma palabra evoca situaciones, objetos o actividades que muy poco tienen que ver entre sÃ­. Y aÃºn cuando nos concentremos en el juego entendiÃ©ndolo sÃ³lo actividad lÃºdica, esa actividad presenta formas y modalidades tan diferentes que uno comienza a sospechar no se esta hablando de lo mismo.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Como juego se seÃ±ala tanto a las bolitas como los naipes, a las muÃ±ecas como la quiniela. Con la misma palabra sintetizamos la sencillez de una mancha y la complejidad del espectÃ¡culo olÃ­mpico; la inocencia del veo- veo y el dramatismo de la ruleta rusa. Juega -decimos &#8211; el gato con un ovillo de lana y juega el ajedrecista con su sofisticada computadora. Y juego es, en educaciÃ³n, tanto un contenido, como una actividad<sup><span>11 </span></sup>.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  Los que nos interesamos por el tema hemos aprendido de nuestros propios fracasos al intentar definiciones esenciales definitivas. El juego no es (a pesar de las pretensiones positivistas) un objeto esta ahÃ­, esperÃ¡ndonos para que lo describamos y clasifiquemos. Estudiar los juegos es, en la prÃ¡ctica, como pretender develar los secretos del ovillo arriba mencionado. A medida que lo desenredemos se va deshaciendo y nos quedamos generalmente sin nada. Mejor dicho, sÃ³lo con la lana. En nuestro caso, sÃ³lo con los jugadores, con sus intereses, sus necesidades y con el significado que para ellos tienen ciertas prÃ¡cticas cotidianas. Sabemos que jugar es un acto voluntario e intencional, que se busca y que se acepta en la medida que satisfaga determinadas necesidades. <em>&#8220;Si no somos capaces de comprender el carÃ¡cter especial de estas necesidades, no podremos entender la singularidad del juego como forma de actividad&#8221;</em> (Vygotski, 1991). Esto es un dato importante para un docente-investigador que se dispone a mirar comprensivamente los juegos del patio. MÃ¡s tarde o mÃ¡s temprano descubrirÃ¡ que roza el territorio de las necesidades, las motivaciones y sus condicionantes.</p>
<p align="justify">Â Â Â Â  En nuestra prÃ¡ctica investigativa hemos visto cÃ³mo el interÃ©s por estar con otros enmarca gran parte de los actos del juego colectivo y orienta la trama de negociaciones consecuentes<sup><span>12 </span></sup>; en ese contexto, el juego sostiene y potencia la comunicaciÃ³n. Pero jugar no es sÃ³lo un medio de comunicaciÃ³n, es tambiÃ©n un modo. Un modo -digamos- lÃºdico que permite al jugador explorar ciertos lÃ­mites &#8220;auto&#8221; y &#8220;heterocondicionados&#8221; (MunnÃ©, 1989) sabiÃ©ndose a salvo de posibles consecuencias no deseadas; total &#8211; dirÃ¡ para protegerse &#8211; estamos jugando. Ese modo lÃºdico se construye sobre la base de una sensaciÃ³n placentera y cÃ³mplice: la emociÃ³n, lo emocionante<sup><span>13 </span></sup>. Jugar serÃ­a en todo caso un modo particular de explorar la comunicaciÃ³n en el marco de una situaciÃ³n ficticia organizada a tales efectos. De ahÃ­ la importancia de prestarle especial atenciÃ³n a los juegos menos domesticados, a los juegos grises.</p>
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		<title>EL VERDADERO PAPEL DEL JUEGO</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Jul 2009 18:26:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tadeo6969</dc:creator>
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		<category><![CDATA[LECTURA]]></category>

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		<description><![CDATA[Del libro: Taller de animaciÃ³n musical y juegos) inicio libros discos canciones juegos chistes textos ensayos videos fotos contestadora mi cuaderno El verdadero papel del juego 09/01/2006 (Del libro: Taller de animaciÃ³n musical y juegos). â€œâ€¦el hombre es mÃ¡s frÃ¡gil ante la racionalidad tecnolÃ³gica o administrativa de lo que nunca fue ante las instituciones tradicionales. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Del libro: <em><a href="http://www.luispescetti.com/libros/#taller_de_animacion_musical_y_juegos">Taller de animaciÃ³n musical </a></em><em>y juegos</em>)</p>
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<p>09/01/2006 <!-- by Editor --></p>
<p>(Del libro: <em><a href="http://www.luispescetti.com/libros/#taller_de_animacion_musical_y_juegos">Taller de animaciÃ³n musical </a></em><em>y juegos</em>).<img style="width: 437px; height: 329px;" src="http://www.luispescetti.com/wp-content/ensayos/africo-ronda.jpg" alt="foto: SofÃ­Â­a Pescetti (CamerÃºn, Africa)" align="texttop" /><br />
<span id="more-214"> </span>â€œâ€¦el hombre es mÃ¡s frÃ¡gil ante la racionalidad tecnolÃ³gica<br />
o administrativa de lo que nunca fue ante las instituciones<br />
tradicionales. En la marea del crecimiento y del delirio organizativo o planificador, aumenta el prestigio que se<br />
concede a las actividades Ãºtiles. El trabajo invade la<br />
totalidad del campo de la experiencia del hombre y los<br />
comportamientos cuya redituabilidad no es evidente<br />
se debilitan o desaparecen. El pensamiento institucional<br />
nunca ha sido tan fecundante y tan integrista. El hombre<br />
nunca ha tratado, con tanta obstinaciÃ³n, de borrar de su<br />
horizonte la parte de utopÃ­a, de azar y de imprevisto sin<br />
la cual su vida no serÃ­a distinta de la vida<br />
de las abejas o las hormigas.â€</p>
<p>Jean Duvignaud. El juego del juego.</p>
<p>â€œ- Chairete -gritÃ³ con su voz profunda el bello saludo<br />
de los griegos-, chairete, kyrioiâ€¦ sean felices.<br />
Las cabras se desperdigaron por entre los olivos,<br />
balando entrecortadamente unas a otras sobre el<br />
rÃ­tmico tintineo de las esquilas. Los pinzones gorjeaban<br />
excitados. Un petirrojo inflÃ³ el buche como una mandarina<br />
entre el arrayÃ¡n y pronrrumpiÃ³ en un chorro de canto.<br />
La isla pareciÃ³ baÃ±ada de rocÃ­o, radiante al primer sol<br />
de la maÃ±ana, llena de vida bulliciosa. â€˜Sean felicesâ€™.<br />
Â¿QuÃ© otra cosa se podÃ­a ser en una estaciÃ³n asÃ­?â€</p>
<p>Gerald Durrel.</p>
<p>El sistema tradicional de educaciÃ³n siempre estÃ¡ preocupado por ser cientÃ­fico, y no sÃ³lo cientÃ­fico en general, sino por parecerse a una ciencia exacta. AlgÃºn oscuro complejo de inferioridad debe haber atrÃ¡s de esa errÃ³nea pretensiÃ³n. â€œSer cientÃ­ficoâ€ da un respaldo que nos vuelve inobjetables: no estamos en el continuamente cambiante terreno de la experiencia humana, sino en el de la ciencia con todo el aura de poder que da el â€œconocimiento objetivoâ€. De esa manera nuestro discurso, al estar respaldado por datos cientÃ­ficos, se vuelve tan cierto como la distancia de la luna al sol o el punto de ebulliciÃ³n del agua.</p>
<p>AsÃ­ se gastan enormes cantidades de tiempo y energÃ­a en hacer mÃ©todos y planificaciones que, las mÃ¡s de las veces, se quedan en el intento de atrapar la realidad. Eso que tendrÃ­a que ser una ayuda para ordenar la tarea, facilitarla, se vuelve un elemento mÃ¡s que hay que atender; no hay que seguir el tiempo del grupo sino el del programa.<br />
Pero no queda sÃ³lo ahÃ­: cualquier cosa que se intente hacer con los niÃ±os tiene que estar justificada â€œcientÃ­ficamenteâ€ y en relaciÃ³n al programa. Es entonces que aparecen libros de recreaciÃ³n con indicaciones tales como: â€œEste juego desarrolla la memoria y la atenciÃ³nâ€, â€œEste juego desarrolla la coordinaciÃ³n psicomotrizâ€, â€œâ€¦desarrolla la coordinaciÃ³n en el espacioâ€, â€œâ€¦el sentido de equipoâ€. Como si fuÃ©ramos mÃ¡quinas con botones o engranajes que necesitan tal ajuste, tanto de aceite.</p>
<p>De la misma manera que a los cuentos se los utilizÃ³ como vehÃ­culos de mensajes morales, a los juegos se los usa con objetivos pedagÃ³gicos. Lo repetiremos: las lecciones disfrazadas de juego son una trampa que el niÃ±o siempre reconoce.<br />
Claro que los juegos enseÃ±an, pero es imposible traducir a palabras todo lo que ocurre en un juego, como es difÃ­cil buscar el â€œmensajeâ€ de un cuento y traducirlo a palabras. Cuanto mejor es el cuento esto es mÃ¡s imposible.<br />
He encontrado libros con excelente material, pero que tenÃ­an una lista que aclaraba quÃ© desarrollaba cada juego: astucia, rapidez, agilidad, imaginaciÃ³n, ritmo, concentraciÃ³n, reflejos, gusto por el riesgo, etc. De poco sirve un material bueno si estÃ¡ en funciÃ³n de una idea equivocada. Es un error grave ver al niÃ±o como un montÃ³n de facultades a desarrollar (memoria, sensorialidad, mÃºsculos, etc.).</p>
<p>Debemos hacernos dos preguntas:<br />
Â¿CuÃ¡l es la mentalidad que busca la justificaciÃ³n de un juego en el desarrollo de potencialidades (memoria, atenciÃ³n, etc.)?<br />
Â¿QuÃ© visiÃ³n del hombre es la que, aÃºn si darnos cuenta, estamos utilizando y desarrollando? (Â¿Una concepciÃ³n mecanicista? Â¿El hombre como una mÃ¡quina de producir?)<br />
Este es un aspecto clave para debatir, al menos para que cada uno tenga en claro al servicio de quÃ© idea estÃ¡ poniendo sus esfuerzos.<br />
SÃ³lo una sociedad enferma como la nuestra necesita una justificaciÃ³n para permitir el juego.</p>
<p>En el otro extremo estÃ¡n quienes utilizan los juegos como elementos de mero entretenimiento, de distracciÃ³n, para calmar a los niÃ±os cuando el grupo estÃ¡ muy excitado. Hacer esto es como utilizar un piano para sostener libros o una guitarra para leÃ±a; se puede, pero nos estamos perdiendo lo mejor.</p>
<p>Un juego es una totalidad muy compleja que apunta a una infinidad de aspectos. No es una herramienta de adiestramiento. Se parece mÃ¡s a una obra de arte: nadie ve un cuadro para desarrollar su sensibilidad al amarillo. PodrÃ­amos decir que un juego es como una obra de arte (en la mayorÃ­a de los casos: anÃ³nima y colectiva) que sÃ³lo existe cuando se la practica y para quienes la practican, no para los que miran de afuera.</p>
<p>Los juegos son importantes porque enseÃ±an alegrÃ­a, porque nos arrancan de nuestra pasividad y nos colocan en situaciÃ³n de compartir con otros. AsÃ­ como la danza nos cuenta de algo que sÃ³lo con danza se puede contar, los juegos enseÃ±an algo que sÃ³lo los juegos enseÃ±an y que no se traduce en palabras. Brindan un buen clima de encuentro, una actitud distendida, nos revelan torpezas de un modo que no nos duele descubrirlas, cambian los roles fijos en un grupo, son otra manera de incorporar una sana y necesaria picardÃ­a, despiertan, â€œdesactivan la bombaâ€. Por sobre todo, y esto corre el riesgo de sonar a telenovela barata, son un constante mensaje de vitalidad que se graba en quienes los realizan, aportan una especie de combustible vital bÃ¡sico.</p>
<p>Al igual que el carnaval nos invitan a que nos olvidemos de nuestra propia cara, de nuestra manera habitual de ser y nos pongamos otras mÃ¡scaras, otros roles. QuizÃ¡s veamos que en nosotros tambiÃ©n hay otros y que esos juegos los despiertan e invitan a salir y revelarse. Obtendremos, por un momento, aquello que tanto anhelaba Borges: el alivio que da dejar de ser nosotros mismos.</p>
<p>Como seÃ±ala Jean Duvignaud, lo valioso de los juegos es que rompen el orden establecido y nos colocan en una zona, en un â€œcaosâ€, que estÃ¡ mÃ¡s allÃ¡ de toda preocupaciÃ³n de eficacia, de finalidad, de utilidad. Zona de â€œcaosâ€ que estÃ¡ cargada de intensa vitalidad y de frescura.<br />
La justificaciÃ³n de los juegos radica en su misma intensidad, en cierta fascinaciÃ³n perturbadora que producen, en su vÃ©rtigo.</p>
<p>Una actividad lÃºdica bien utilizada es una poderosa herramienta de cambio.<br />
Los juegos son herramientas de la alegrÃ­a, y la alegrÃ­a ademÃ¡s de valer en sÃ­ misma es una herramienta de la libertad.</p>
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		<title>MEREGUETE</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jul 2009 01:45:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tadeo6969</dc:creator>
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